la brisa de otoño me trae los ecos

en ella, en medio de árboles frutales,
grandes parrones, ciruelos, perales,
duraznos en torno de la higuera.
Granados, uno a la sombra del nogal,
donde correteaba cuncunas multicolor,
el naranjo con su aroma de azahares,
un paraíso, delicia y disfrute.
Los parrones y sus racimos retorcidos
nos regalaba uva blanca, rosada y negra,
la agarrábamos a gajos, dulces y jugosos,
mientras correteábamos inocentemente.
Me detengo en esos recuerdos,
embriagado en mi alma sensible...
la quinta, enorme, la más bella, es
un sentimiento personal imperceptible.
Sus flores: calas, lirios y azucenas,
peonías y rosales en su huerto,
son ecos del pasado, es cierto,
la quinta, la abuela, no conocí penas.
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