aspirar su aroma, tenerla cerca,

que era luz y poesía del alma.
Era prisionera de otro querer,
yo con un amor en eterna duda.
Fue una locura soñarla,
una herida pensarla tanto,
ha sido un suplicio amarla,
una tortura perder su encanto.
Tiempo ha de ese cariño
inolvidable, perdido en el ayer,
una rosa quisiera dejar caer
en su seno suave y armiño.
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