sábado, 26 de octubre de 2019

ANARQUÍA


Anarquía: Sin Dios ni ley. La etimología del término designa, de una manera general, aquello desprovisto de principio director y de origen. Esto se traduce por "ausencia de apriorismo", "ausencia de norma", "ausencia de jerarquía", "ausencia de autoridad" o "ausencia de gobierno", y sirve para designar aquellas situaciones donde se da la ausencia de Estado o poder público. A diferencia de la autarquía (gobierno de uno mismo), un concepto de filosofía moral, la anarquía se refiere a una situación del orden político

En filosofía política la palabra anarquía es polisémica, usándose como caos político o como forma de gobierno. En materia de doctrina de relaciones internacionales se llama anarquía en relaciones internacionales a la apreciación de que los Estados frente al derecho internacional en la medida que no existe un gobierno mundial sobre los gobiernos nacionales.

Según Homero y Herodoto, el término anarkhia señalaba una situación en la cual un grupo armado o un ejército, se encontraban sin jefatura. Según el historiador Jenofonte, en su obra Helénicas (año 404) fue llamado Anarquía por los atenienses. Los filósofos Sócrates y Platón por su parte, utilizaron este término en una forma negativa, asociándolo a una forma corrupta de régimen democrático. En la obra La República, Platón claramente denunciaba a la democracia, acusándola de acarrear confusión entre gobernantes y gobernados, así como en cierta medida conducir a la tiranía. Platón describía entonces una visión muy negativa sobre la anarquía generada o inducida por la democracia: fin de las jerarquías, conflictos entre generaciones y entre hombres y mujeres, salvajadas y excesos de todo tipo.

Los términos "anarquía" y "anarquista" fueron usados libremente, en un sentido político, desde el siglo XIII. El rey Felipe IV de Francia usaba frecuentemente estos términos en sus ordenanzas para designar desorden o caos. Durante la Revolución francesa, en términos de crítica negativa, relacionados con los abusos empleados por varios partidos para dañar a sus oponentes; así, tanto los Enragés, que desconfiaban del poder excesivo, como Robespierre, que lo buscaba, fueron tachados de anarquistas.  

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