jueves, 31 de octubre de 2019

LOUIS MARIE SCHRYVER


Louis Marie Schryver nace en París, Francia el 12 de octubre de 1862, muere en 1942. Desde pequeño demostró tener vocación y aptitudes para la pintura, a los 12 años realiza su primera exposición de dos obras, bodegones, aún sin haber recibido instrucción académica como pintor. A partir de entonces empezó a estudiar bajo la tutela de Philippe Rousseau, hasta que se instaló por su cuenta, obteniendo a los 17 años, una medalla de bronce en la Feria Internacional de Sydney.

Continuó pintando bodegones hasta que comenzó a realizar retratos y escenas callejeras. Hacia 1886 se centró en la temática de la vida cotidiana en París, a la par que recibiera encargos de retratos de familias de la alta sociedad francesa. Especialmente famosas fueron sus obras de la serie "Le premier jour de printemps", por la que recibión un premio en el Salón de París.

                                                       Vida diaria en París

Hasta 1900 mantuvo su estudio en el centro de París, por lo que le resultaba muy fácil salir y encontrar inspiración en cualquiera de sus calles o parques, visualmente el movimiento de los transeúntes, de los vendedores callejeros, del paseo de mujeres y niños. En la Exposición anual de 1900 recibió una medalla por una de sus obras.

                                             Comprando flores en el parque

La mirada de Schryver sobre París se destacaba de las de sus contemporáneos por la espontaneidad que reflejaba en las escenas retratadas. Transmitía un especial sentimiento en cada obra. Su serie sobre las vendedoras de flores poseen la cualidad de reflejar los estados de ánimo compradora y vendedora. Con cierto aire de ingenuidad, los representantes de las clases más acomodadas entran en perfecta armonía con las clases más humildes.


Los rostros así lo demuestran, como también las miradas de los niños, muchas veces retratados en compañía de sus madres o cuidadoras. No cabe duda que el artista quería reflejar, sobre todo, a los miembros de la alta sociedad parisina. Por ello en sus obras ocupa un lugar destacado la apariencia de estos. Entre 1880 y 1900, sus cuadros recorren varios de los estilos del vestir femenino. Con una pincelada suelta, describe la silueta de las damas de los últimos años del polisón, pasa por la típica de los años 1890, silueta del reloj de arena, hasta apuntar el inicio de la sylphide, propia del nuevo siglo XX.


Todo ello dentro de escenarios privilegiados: la Avenida de los Campos Eliseos, frente al Arco de Triunfo, la Rue Royale, cerca del Obelisco, delante del Hotel National des invalides, destacando en los fondos los ricos carruajes, las fachadas monumentales y en algunos casos las entradas a tiendas de moda, así llama la atención de una ciudad que marcaría la modernidad europea, por su bullicio y movimiento, pero recordando siempre la presencia del patrimonio cultural que la sustenta como legado del pasado.

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