en el largo y quieto horizonte del océano,
asomado en la ventana contemplo

En el sagrado silencio del atardecer
la tierra va dejando ir el otoño,
que huye para escapar del invierno,
pues fría y oscura se viene la mano.
La ventana permanecerá cerrada
hasta la aparición del sol de primavera,
cuando llegue vestida de flor y aroma
a su consagración de mil colores.
Mientras, en esta soledad tan mía,
me abocaré a escribir unas coplas
para que el alma se colme de armonía,
nada mas poesías de rimas cristalinas.
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