martes, 20 de marzo de 2018

CLAUDE DEBUSSY (II)




La música de Debussy fue genial. Interpretó a cuatro manos, analizó muchas partituras antiguas y contemporáneas, entre ellas Tristán e Isolda de Wagner. Su descubrimiento de Wagner data de 1880. Ese verano fue contratado como profesor de música de los hijos de la aristócrata rusa Nedezhda von Meck, tuvo la ocasión de asistir a una representación vienesa de Tristán e Isolda. 

Al año siguiente, una nueva estancia con la familia Von Meck, en Moscú, le permitió familiarizarse con las obras de Tchaikovski, Rimski-Kórsakov y Borodin. Junto a las óperas de Lalo y Chabrier, Debussy escuchó a partir de 1887 obras sinfónicas de Saint-Saëns, d'Indy y Franck.

Debussy a lo largo de su vida, puso música a muchos poetas: Théophile Gautier, Paul Bourget, Théodore de Banville y Leconte de Lísle. En 1892, Debussy comenzó a elaborar los esbozos de grandes obras futuras: un cuarteto de cuerdas, un preludio, interludio y paráfrisis para la siesta de un fauno, según la égloga de Mallarmé, y una fantasía para violín y orquesta en tres partes o escenas "al crepúsculoncio".

Aunque Debussy nunca reconoció sucesores o una escuela, cambió el eje que organizaba la música de su época. Noctámbulo y asiduo a los ambientes de café, de escasos recursos económicos y con variados períodos de depresión y otros de auge y notoriedad pública. Entre  1892 y 1894 datan sus creaciones más reveladoras, todas para orquesta.

En 1909 le detectaron un cáncer, que acabó con su vida nueve años después, el 25 de marzo de 1918.

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